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Un nuevo sueño para Chile

En las últimas semanas hemos visto una serie de llamados desde todos los sectores para abrazar acuerdos que nos devuelvan un rumbo y nos brinden algún grado de certeza sobre el futuro. Esto, porque si hay algo que se nos cayó definitivamente producto de la crisis sanitaria (sumada al estallido social) fue esa mirada confiada que muchos teníamos frente a la trayectoria de nuestro país.

La fragilidad del sistema global, la falta de respuestas básicas frente a la crisis climática y la intolerable indignidad de muchas prácticas no corregidas del capitalismo liberal imperante nos llevaron de regreso a una polarización que muchos creíamos imposible que volver a revivir en Chile.

Nuestra idea de lo colectivo estaba asentada en un tejido social completamente destruido y, sin duda, ser parte de  la OCDE y sentirnos líderes de Latinoamérica tampoco nos ayudó a mirar la realidad de carne y hueso, que estaba y está detrás de cada cifra.

Lo paradójico es que venimos saliendo de una década marcada por la estabilidad económica y un ritmo de crecimiento imparable y exponencial que ocultaba a su vez el cansancio de competir y de atender las ilimitadas necesidades creadas para seguir alimentándolo. En los últimos 10 años vimos nacer tecnologías tan revolucionarias como la inteligencia artificial, IOT o el big data y no fue difícil convencernos de que teníamos todas las herramientas para solucionar el daño que les estábamos haciendo al planeta y a nuestra propia especie.

Pues bien, el debut del 2020 nos deja arrojados a nuestros propios límites y se nos hace patente que lo que más nos falta -por sobre todos los productos creados para satisfacernos- es recobrar la ilusión de un sueño común del que todos seamos parte. Muchos nos preguntamos cómo reponerle a Chile un nuevo sueño colectivo.

Aplaudo y me sumo entonces a toda iniciativa que nos devuelve a los otros. Conectarnos sin juzgar podría ayudarnos a conciliar esos sueños rotos con nuevas esperanzas. Porque sin duda necesitamos un mínimo común que nos permita comprender -con una mirada renovada- los enormes desafíos que tenemos por delante. Se hace necesario cambiar el tono de reproche por el de pregunta, incluir a todos los posibles antes de eliminar a dedo a los disidentes. Como dice Patricio Fernández en su último libro sobre la Marcha: “El mundo nuevo, más que ser juzgado, necesita ser entendido”.

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