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LÍQUIDOS

El trabajo independiente es una fuerza ascendente en el mundo. Antes de la crisis sanitaria, se esperaba que para el 2027 la mayoría de los trabajadores estuviesen en esa condición, generando un desafío mayor para las políticas públicas y las empresas.

Workana, el marketplace de contratación de freelancers de nuestra región, constató un 42% de aumento de nuevos usuarios. Según la consultora Randstad, desde el inicio de la crisis en Chile, las oferta por posiciones temporales creció un 346% (versus el 2019), evidenciando el interés de las empresas por este tipo de contrataciones.

Fue el sociólogo polaco Zygmunt Bauman quien acuñó el concepto de “modernidad líquida” para definir una sociedad basada en la fluidez y el cambio permanente. En ese contexto “los trabajadores líquidos” aparecen como uno de los principales desafíos para las relaciones laborales del siglo XXI, porque rompen con los patrones de la era industrial como la jerarquía, los horarios fijos, la estabilidad laboral o relación exclusiva entre empleador y empleado.

El Estudio “Freelancing in America” del 2019, destaca que el 60% de estos trabajadores lo hacen por opción y lo visualizan como un camino de largo plazo. Ellos privilegian la movilidad, las ciudades pequeñas y se capacitan un 18% más que los dependientes. Son más activos políticamente y en su lista de aspiraciones están en primer lugar el acceso a mejor salud y pensiones.

En Chile, el porcentaje de trabajadores independientes asciende a un 20% de la población ocupada (el promedio OCDE es 11,6%) y la tasa de ocupación informal es de 28,9%. Ambos indicadores van al alza. A estas cifras se suma la irrupción de la economía gig, con todas sus complejidades. Por el lado de la regulación de acuerdo al WEF, ocupamos el puesto 111 en movilidad laboral.

El cambio de paradigma para las organizaciones implica entonces orquestar un complejo ecosistema de nuevas relaciones –más allá de las antiguas fronteras- que privilegie la capacidad de las personas por sobre la modalidad de contratación garantizando la mayor captación de talento posible.

Por el lado de las políticas públicas, el desafío implica encontrar mecanismos innovadores que cubran las demandas de las diferentes categorías de trabajadores según sus necesidades, logrando esquemas más universales de seguridad social y un sistema de entrenamiento moderno y flexible, al alcance de todos, que garantice resiliencia laboral y brinde libertad de movimiento entre los distintos sectores de la economía.

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