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EL INCIERTO FUTURO DE LA FUERZA LABORAL CHILENA

Es difícil imaginar cuál será el destino de la actual fuerza laboral chilena.  Lo claro es que las consecuencias de lo que estamos viviendo afectarán democráticamente tanto a mandos directivos y gerenciales como a trabajadores de todos los niveles. 

En las múltiples conversaciones que mantengo con empresas, para muchas la pandemia ha puesto en evidencia los tremendos costos de coordinación y falta de agilidad para abordar la adaptación que arrastraban hace demasiado tiempo; generando la gran interrogante sobre el destino de aquellas posiciones que a todas luces no generarán valor en el nuevo contexto.

El reporte The Future of Jobs 2020 del Foro Económico Mundial (WEF) destaca que la automatización y el impacto del Covid provocarán la pérdida de 85 millones de empleos. A su vez, para el 2025, proyecta 97 millones de roles emergentes adaptados a una nueva distribución repartida entre humanos, máquinas y algoritmos.

Las empresas, por su parte, estiman que alrededor del 40% de sus trabajadores requerirán de una recapacitación de hasta seis meses para sintonizarlos con nuevos conocimientos y destrezas; mientras que el 94% de quienes lideran compañías esperan que sus colaboradores adquieran esas habilidades dentro del espacio laboral. 

Los llamados reskilling y upskilling se presentan como una medida clave para abordar por parte de las organizaciones, mientras que el escenario de guerra por atraer nuevos talentos se vuelve cada vez menos sostenible. Según el WEF, el gasto que supone capacitar a un empleado es un 25% inferior a los beneficios que genera atraer uno nuevo y a su vez aporta muchísimo a otras dimensiones como la fidelidad de los trabajadores. 

En la dimensión pública de la discusión y considerando que sólo el 12% y el 8% de los trabajadores chilenos de calificaciones medias y bajas, respectivamente, accede a un entrenamiento, parece fundamental apoyar con fuertes medidas y nuevas herramientas que estimulen estos procesos al interior de las empresas, dado el riesgo social evidente que implica no hacerlo.

El apoyo en esta costosísima transición, debe ser parte del paquete de medidas de reactivación que está diseñando el gobierno y debe ser visto además como una mirada de protección social para la fuerza laboral chilena que enfrentará un duro período de adaptación en los próximos años.

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